¡Qué comparación!

Lo primero que quiero decir es que no se mucho de futbol y mucho menos de mini baloncesto. De evaluación de resultados, sí. Tampoco se necesita ser un genio para comparar los resultados de la selección mexicana de futbol con la de de mini baloncesto conformada por indígenas Triquis que juegan sin zapatos, sin uniformes llenos de logotipos de patrocinadores, sin recursos millonarios, pero que ni falta les hacen, con el corazón les basta. Le ponen tantas ganas, tanta pasión y tanto gusto que no hay quien no se llene de alegría y orgullo al saber del éxito que estos pequeños triunfadores obtuvieron en Argentina. Arrasaron no sólo con el marcador si no con el corazón de los anfitriones, de los equipos contrincantes y de todos los que vemos las imágenes de estos muchachitos saltarines dejando el alma con tal de encestar y ganar. Chicos enfocados, con tantas ganas de triunfar que al final lo logran.
Por su lado, la selección mexicana de futbol se gana el dudoso lugar de ser la escuadra que cuenta con el mayor nivel de antipatía en Latinoamérica según un estudio reportado por la cadena BBC. El Tri no es un equipo simpático. Lejos de ello, causa encono con sus rivales y decepción en los que apoyan. Se pierde la oportunidad de estar clasificados al Mundia frente a Costa Rica, se vive la vergüenza de tener que recurrir al repechaje, se rompe el corazón de millones de aficionados en México y de paisanos que viven fuera de nuestras fronteras, se pone en riesgo la derrama económica que trae consigo el hecho de que la selección juegue en Brasil. Locutores sin trabajo, campañas publicitarias a la basura, apoyos a volar, camisetas, juegos, juguetes al barranco, agencias de viaje, vuelos, reservas de hoteles que no se concretarán. No nada más lloran los mexicanos, la FIFA y varios empresarios brasileños también lo hacen. La afición mexicana representa millones de dólares que se ven frenados por la ineptitud, la falta de amor y de pasión de los que sí tienen tenis de altas especificaciones, equipos de tecnología de punta, billetazos y cuentas de cheques abultadas. Me parece tan diferente lo que se siente al ver a los Triquis que al ver a los brillantes jugadores del Tri.
Ahora tenemos que mirar al norte y dar las gracias a la selección de Estados Unidos que hizo lo que ninguno de los verdes pudo, es decir, ganarse el boleto para ir al repechaje por méritos propios. Fueron goles güeros, no tricolores.Tan mal jugaron los nuestros que al final veíamos el partido de Panamá contra los estadounidenses, pues ya no le teníamos fe a la selección mexicana. Encendíamos veladoras y rogábamos Dios para que cayera un gol ¡contra Panamá!, teníamos la certeza de que contra Costa Rica no llegaría la ansiada marca.Tal parece que los futbolistas que integran el equipo de seleccionados se empeñan en no ir a Brasil. Es de bien nacido ser agradecido. Gracias a la selección de las barras y las estrellas.
La ineptitud y la buena fortuna tienen al futbol nacional a nivel de aguas profundas pero con una nueva oportunidad. El muerto se levanta en forma milagrosa de la tumba y los seleccionados andan de parranda. Si no quieren jugar ¿Por qué insistir con ellos?
Los jugadores son un desastre en la cancha, dan la nota por la indisciplina, porque huyen de la concentración, porque les gana la fiesta, porque no escuchan a sus entrenadores, ¿qué méritos tienen para estar ahí? El técnico sabrá. No es técnica, no son goles, fue la buena suerte la que otorgó benévola la oportunidad de seguir con la esperanza de ir al Mundial de Brasil. A ver cuánto dura.
Y, mientras todos nos quedamos con un mal sabor de boca, suspirando amarguras por los resultados futbolísticos, hay un grupo de niños indígenas que alumbra la esperanza, que demuestran que lo que a los del futbol les falta, a ellos les sobra. Hambre. Hambre de ganar, de divertirse en el terreno de juego. Amor por encima de la soberbia. Gusto por jugar, por ver nuevas tierras, por conocer gente diferente, por llegar al Mundial de mini baloncesto en República Dominicana y un profundo respeto y cariño por su coach, a quien escuchan y respetan.
¡Qué comparación entre unos y otros!
Por eso unos dibujan sonrisas en los rostros de propios y extraños, mientras lo otros pintan muecas.

20131015-234944.jpg

20131015-235058.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: