Vértigo

Tanta aceleración me da vértigo. Son tantas cosas las que han sucedido y están por suceder en un lapso de tiempo tan corto que no se si estoy en pasado, futuro o presente. Por lo pronto tengo la certeza de despertar en mi casa, entre los míos. Ya llegué de dónde andaba y, todavía mareada y convaleciente del jetlag de un vuelo de casi once horas, que salió retrasado de Madrid por más de cuarenta y cinco minutos, que aterrizó al mismo tiempo que los vuelos que venían de Tokio, Nueva York y Frankfurt, lo que nos obligó a hacer una fila de casi una hora para pasar migración, y ya empezó la diversión.Pongo los pies en mi tierra y tiembla, suena la alerta sísmica que me hace salir corriendo en pijama al umbral de la puerta de mi casa. A penas hace quince días la lluvia en Acapulco me mojaba el alma, me llevé la lluvia a Europa, en donde brillaba el sol y la temperatura era de treinta grados con cielo despejado, para hacer la inauguración formal y triunfal del otoño en tierras portuguesas. Nubes, chubascos, tormentas.
Los pasos que me llevaron de la majestuosidad de la Quinta de las Lagrimas, en Coimbra a la sencillez de un hostal de peregrinos en Albergaría, del cielo nublado y viento tibio que nos llevó a Agueda, a las lluvias furiosas que nos recibió Mealhada al consuelo tan dulce de las Natas de Belén y el pan rústico preparado en una panadería del camino se me enredan en la mente. Del tropezón de Sao Joao de Madeira a la vista de la Catedral de Oporto. Del atuendo de peregrino al de escritora para presentar en sociedad un proyecto que me llena de satisfacción. Última mirada en Madrid, parece que todo fue un sueño. Un buen sueño. Un extraordinario sueño.
Entre el vértigo de tantas imágenes entrañables, de señales que indican el camino, de flechas y de conchas, de pasos sobre senderos de asfalto, adoquín o barro, me quedo con la del amigo constante. De ese que es capaz de modificar su ruta y cambiar su destino. De Merick que sabe ser y estar. Me quedo con su sonrisa y atesoro su compañía.
Las peticiones están hechas, las ofrendas han sido entregadas y fueron recibidas. Las puertas se han abierto, estoy segura. Me lo dice la serenidad del corazón. Me lo confirma mi Compostela. Ahora, a mirar al frente. A ser compañera, y reafirmar, que Dios con nosotros, lo que viene para la próxima semana es lo que conviene.
Que el bisturí repare, y con la gracia de lo alto el médico encuentre la forma de sanar lo que no está bien. Que la columna de Carlos quede lista y todo sea como lo he imaginado, como lo he pedido con el alma, corazón y cuerpo.
No ha sido en vano. He recorrido el Camino de Santiago, el Camino Portugués, de Coimbra a
Santiago de Compostela, así como lo hizo Santa Isabel de Portugal, reina y peregrina, se ha cerrado el ciclo y lo que fue principio ayer hoy es final. El campo de la estrella nos ha otorgado la bendición pedida. Hoy, en el vértigo de lo que fue y de lo que viene, prevalece la fe en la promesa que se ha de cumplir. La serenidad es.

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