Sin llover y sin prisas.

Es la primera noche que no llueva de continuo. Es más no llueve nada. La mañana amanece radiante, despejada, con un cielo azul adornado con pocas nubes. La temperatura de diecisiete grados nos abraza. La sensación matinal es de calma. No hay prisas por levantarse a desayunar y salir corriendo para aprovechar el momento en el que la lluvia escampa y avanzar en el camino.
Hoy, esta mañana, el apuro no existe. Me dejo acariciar por las sabanas y me acurruco en la almohada. Abro el ojo y lo cierro de inmediato. Así, varias veces.
Son las ocho de la mañana. Puedo quedarme al menos quince minutos más entre las cobijas y no pasará nada. Las piernas, esta vez no sienten el impulso de dar un paso y otro, tienen ganas de estirarse y repararse. El dolor de los hombros por cargar la mochila quiere quedarse en el colchón.
Huele a café. Seguro en la planta baja ya están sirviendo el desayuno. El café que se sirve en Portugal es delicioso, tiene un sabor amargo, es un liquido de tonos muy oscuros y aromas fuertes que contrastan con la pastelería que es muy dulce. El maridaje perfecto, él amago y ella dulce. Los contrastes potencian todo.
Decido descorrer la cortina, la vista desde la habitación es la pared de otro edificio. Esta adornada con la maquinaria de aires acondicionados, tubos escurregotas, ventanas cerradas. El edificio de al lado se esta cayendo. El techo de tejas tan rojas esta pandeado de un lado, abobado del otro, pel barandal luce un trabajo de hierros retorcidos y oxidados que revelan pasadas glorias y el marco de la puerta de madera ya no existe.
Dice Fede, un catalán que conocí en Joao de Madeira, lugar donde trabaja, que Portugal a diferencia de España, no llegó a despegar. Su tragedia fue haber comparado el lado esa de Europa que trajo tantos beneficios, haber visto las ventajas que vivieron sus vecinos españoles y jamás haber probado esas mieles,es más, ellos nunca derrocharon porque nunca llegó el momento del derroche.mal quiebra les llegó antes del despegue.
Las palabras me parecen duras, tal vez sean ciertas, tal vez Fede extrañe Cataluña, no hay catalán que no extrañe su rincón. no hay ser humano que no añore lo suyo.
Me alejo de la ventana y doy gracias a Dios por este ritmo lento del día de hoy. No hay para qué apresurarse, nada corre prisa. Sea la tranquilidad del día en el que no llueve. A disfrutar, a dar gracias por ello. En Oporto ya salió el sol, para mi ese es un signo.

20131002-103955.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: