Prometimos poco, pero vamos a cumplir

Llegamos al pueblo de Albergaria, uno de los solos del recorrido. Me sorprende el tamaño del supermercado que está a las afueras, es enorme. Las calles están desiertas, ni siquiera los fantasmas salen en esta tarde lluviosa. ¿A qué? Sólo los peregrinos se mojan. Las banquetas húmedas, los restaurantes y comercios cerrados. Es domingo y ni siquiera las puertas de la iglesia están abiertas. Raro, aunque ni tanto, es el día de las elecciones.
Llegamos al albergue. Un verdadero lugar para peregrinos, sencillo, muy sencillo. La máquina del tiempo funciona. El albergue parece uno de los años sesenta. Es una casona con muchos cuartos, todos amueblados con camas y roperos de los tiempos de María Castaña. Te preguntan si quieres una habitación con o sin baño. Sí, eso existe todavía. Del Internet mejor ni hablamos. La alfombra, las cortinas y las toallas parecen traídas de otra época. No hay tele. Todo es sumamente austero.
Vamos a cenar, delicioso y acto seguido a dormir. No hay nada más que hacer. Apagamos la luz y justo cuando estamos apunto de caer en los brazos de Morfeo, entra de la calle el ritmo de una batucada. Gritos y vítores. Bocinas de autos. Ratatatá, ratatá. Tambores. Hay festejo.
Imposible conciliar el sueño. Abrimos la ventana para ver qué sucede. La gente,,por fin, ha salido de sus casas.Albergaría no es un pueblo fantasma. El resultado de la elección ya se conoce. El candidato ganador se reúne con su gente para agradecer. A eso se debe le jolgorio.
Bajamos a la plaza a ver el festejo. El vencedor da su discurso. Dice que no prometió mucho, pero que va a cumplir. Escuchar eso me impresiona.
Cumplir, me quedo con esas palabras. El empeño de las mismas. ¿Para que prometer las perlas de la virgen si no se van a poder conseguir? Mejor empeñar la palabra en lo poco para poder honrarla. Sin embargo, entre las palabras portuguesas alcanzo a entender que la promesa es trabajo. Mayores fuentes de empleo. No es una promesa menor. Pero, en apariencia, esa fue la promesa que los llevó al triunfo.
En el festejo hay viejos, jóvenes, mujeres, niños y dos peregrinos. Todos felices. El candidato da voces de entusiasmo. Portugal no la está pasando bien. Hemos visto puebos abandonados, hay mucha migración. Las personas buscan trabajo. Los políticos lo ofrecen. ¿Serán capaces de cumplir?
A pesar de que la lluvia es fuerte, la gente escucha a los ganadores, se resiste a regresar a sus hogares. Aguanta el embate de la lluvia que se hace más fuerte. Decidimos regresar al albergue. Pienso en que el trabajo se ha convertido en el oro que hace emigrar a las personas. Es el tesoro anhelado y, por desgracia, un bien escaso. No únicamente en Portugal, en muchos lugares del mundo.
No sé si este político de cuyo nombre no me voy a acordar va a cumplir la palabra empeñada. A mí me marcaron esas que dijo: No prometimos mucho, pero lo que prometimos lo vamos a cumplir/.
Esa es la enseñanza. Comprometerse a lo que se va a cumplir.

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