El rostro de Saúl Álvarez

Un cuerpo como el de Saúl Álvarez seguro hubiera causado un pleito entre Leonardo y Miguel Ángel. Cualquier escultor moriría por tener un modelo así. Un abdomen con cuadritos equidistantes y triángulos equiláteros perfectos. Brazos en los que se elevan conejos que dibujan curvas de Gauss tan grandes que nos hacen pensar en el Monte Everest y piernas similares a las columnas del Partenón. A Picasso se le hubiera descuadernado la mente con tantas figuras geométricas cubiertas de un manto de piel y Dalí hubiera alucinado sueños paranoicos críticos, sin duda.Le dicen Canelo por el color de su pelo que parece el carruaje con el que el sol entra por las mañanas, es Apolo venciendo a la noche.
¿Quién no quisiera arrancarle al mármol la figura de un guerrero así? Me imagino que el frío de la piedra se transformaría en fuego rendido ante las centellas que causa la pasión de este boxeador mexicano. Garagallo podría esculpir los guantes haciéndonos creer que están en movimiento y Botero se recrearía exagerando las formas musculosas de este hombre, hoy prócer de Juanacatlán.
El David en Florencia lloraría humillado, desde el Olimpo se escucharían los gritos de envidia de Hércules y Atlas aventaría el mundo que carga entre sus manos al ver a un humano, que ni siquiera es semidiós, luciendo formas tan estéticas. Las ninfas se esconderían de Hera, Venus y Minerva para contemplar la escultura del Canelo sin despertar los celos de sus majestades.
La fuente de inspiración de la que cualquier artista podría abrevar sobran, fotos subidas a la cuenta de Instagram en la que vemos al Canelo luciendo el torso mientras monta a caballo, en traje de baño bronceándose en la cubierta de un yate o en calzoncillos defendiendo su titulo de boxeo.
Pero, ¿Quién será capaz de plasmar el rostro de Saúl Álvarez?
En esa cara que refleja el éxito y la inocencia al mismo tiempo. Esos ojos que contemplan un Lamborghini con la ilusión que un pequeño ve un modelo a escala y esa sonrisa que revela la emoción y el gusto de subirse a una avioneta particular acompañado de sus hermanos. No se le ve la suficiencia de la celebridad, ni se le nota el divismo de los que son famosos, al menos no todavía.
Se que esa expresión tiene fecha de caducidad, la he visto en muchos deportistas que suben los peldaños hacia la fama. Se que los primeros minutos de fama, casi todo llegan con esa expresión y se, también que muy pocos la conservan. Por ello, ojalá algún artista pueda plasmar la imagen musculosa y poderosa del Canelo, con ese rostro que cuenta la historia de aquel que salió de un pueblo pequeño de Jalisco y triunfó. Espero que pronto haya quien pueda reflejar esa combinación mágica que da el éxito y el origen humilde antes de que el mundo lo apague.
Espero que Floyd Mayweather se encandile con los ojos del Canelo y que Saul gane y se ponga el cinturón del ganador y que así, alguien lo materialice para la eternidad.

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