Metiches

No representa ninguna novedad decir que a los Estados Unidos les gusta espiar. Todos sabemos que a los yankees les fascina meter la nariz en todos lados. No en vano tienen tantas agencias de inteligencia. No sorprende enterarnos que Enrique Peña Nieto fue sometido a un proceso de espionaje mientras era candidato a la Presidencia de la República.
Lo que sí sorprende es la mesura con la que la Cancillería reacciona ante el asunto. En Brasil tan pronto como la cadena O Globo dio a conocer que tanto Enrique Peña Nieto como su actual presidenta, Dilma Rousseff, fueron espiados, llamaron al embajador para que rindiera explicaciones del incidente. En cambio aquí, el canciller Meade dice que entre diplomáticos se sabe que todos los países espían y que esas prácticas suceden. Eso es cierto, como también lo es que esas prácticas son ilegales. No se trata de rasgarse las vestiduras porque escucharon las pláticas de un ciudadano cualquiera, se trata de que se vulneró la privacidad de un probable futuro mandatario de una nación amiga. Además no entiendo porque Obama recurrió a prácticas tan desleales. Estoy segura de que si le hubiera preguntado a Peña lo que quería saber, él se lo hubiera dicho, sin necesidad de pasar la vergüenza de haber sido balconeado por Snowden, otra vez.
A Obama le truena en la mano el cuete de la vergüenza internacional por ser metiche. A este destacado Premio Nobel de la Paz, uno de sus soldados lo pone en evidencia y le muestra al mundo que este hombre con sonrisa perfecta, hace cosas indebidas. En pocas palabras lo agarraron con las manos en la puerta y se machucó. La postura de los brasileños es levantar la voz y decir ¿Por qué rayos metes la mano ahí?, la del canciller Meade es la de una madre bondadosa que le dice al chiquillo malcriado, sana, sana, colita de rana. Eso es prácticamente darle permiso de que lo vuelva ha hacer.
Meade llama a cuentas al embajador Anthony Wayne y este no ha acudido. La explicación de la Secretaría de Relaciones Exteriores es que tenemos tan buenos lazos de amistad con los Estados Unidos que no hay necesidad de elevar el tono. A mi me parece que hay mucha necesidad de elevarlo.
Si el tonto blandengue se debe a las buenas relaciones de ambos países, imagínense lo que sería si fueran malas. No en balde se dice que la confianza apesta. Si así es como nos quieren, ya me imagino porque no los quieren hacer enojar ni con la menor solicitud de una justificación.
No, no es novedad que los Estados Unidos anden de metiches y quieran saber hasta lo que no les corresponde. Sin embargo, el hecho de que sean por todos conocidos sus prácticas de inteligenciano significa que deban de ser justificadas.
Me parece que, ahora que Enrique Peña va a ver a Obama en la reunión de San Petersburgo, no estaría mal que le preguntara que más quiere saber y así le quita la tentación al presidente metiche, de volverse a poner en vergüenza, ¿o, no?

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