Veintidós pinos ocoteros

Ayer recibí veintidós pinos ocoteros. Son árboles niños, flacos y despeinados, los más desarrollados miden metro y medio, los pequeños apenas pasan del medio metro. Están destinados a crecer, a desarrollarse hasta medir diez, veinte o treinta metros; generarán oxígeno, servirán como pulmones, darán flores amarillas y frutos en forma de cono. Pero, antes que nada serán fuentes de esperanza.
La idea fue de Ricardo De la Vega. Él me contó que en la puerta 1 de los Víveros de Coyoacán, la SEMARNAT regala arbolitos para los que quieran ayudar en la labor de reforestación. El único requisito es llevar una credencial de elector y te dan cuatro arbolitos que ellos acunaron hasta dejarlos listos para partir al destino en el que deberán ser plantados, en el que echarán raíces y se convertirán en árboles que den sombra y protección.
Estos veintidós pinos ocoteros son un símbolo. En ellos viene inscrito el signo de la esperanza. ¿Qué otra cosa puede significar un arbolito que crecerá? Los plantaré en la casa de blanca de Coyoacan y será como llenar una hoja de papel con letras. Vienen a sanar heridas, a curar las cicatrices que quedaron después de las maravillas burocráticas que frenaron tan abruptamente los planes que hoy han de florecer.
Ricardo y Mónica, su esposa, me acompañaron por ellos. En más de un sentido fue como una adopción, me hicieron firmar en el libro de registro antes de salir con mis nuevos familiares. Salimos felices con estos seres flacos y despeinados. El lunes serán plantados en la tierra que los verá crecer y desarrollarse, en dónde los veré ganar tamaño y fuerza. Así, cada que el desgano quiera ganar terreno, tendré estos recordatorios de vigor y buen augurio.
Tener hijos, escribir libros, plantar árboles. Cerrar círculos e iniciar circuitos virtuosos. Veintidós razones para sonreír, para tener la conciencia de que siempre para iniciar, lo primero es la buena voluntad.
Así, con los símbolos del crecimiento, de aire nuevo, de protección y de belleza, como pretexto para mirar al frente, para iniciar con el pie derecho, para hacer las cosas bien, este lunes daré suelo y tierra a veintidós pinos ocoteros que ocuparán el espacio de esta casa que ya debe de dar sonrisas.
Será la casa blanca, con letras, y veintidós pinos ocoteros en la que podré escribir y de la que saldrán muchos y muy lindos proyectos. ¿Y cómo no? Hay veintidós razones para estar segura de que así será. No son ideas, ni buenos deseos o menores intenciones. Son una realidad que únicamente está espera a la espera de crecer.
Mis veintidós pinos ocoteros.

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