La ignorancia es reversible

¿Tuvieron alguna vez un suéter que se podía usar lo mismo por el derecho que por el revés? Yo sí y lo amé mucho. Era padrísimo porque te ponías el lado que más te convenía según los colores que habías elegido para ese día. Bueno, pues imagino que algo así piensan los maestros en México. Si están frente al aula ponen exámenes, pero si se trata de que se los pongan a ellos la cosa cambia.
El magisterio que es una de las labores más heróicas, sublimes y, es justo decirlo, más menospreciada, hoy se ensucia y sale a las calles, asfixia las avenidas del centro y del oriente de la ciudad, secuestran el Palacio Legislativo y dan el peor ejemplo del mundo. No nada más porque en vez de parecer un gremio de maestros parecen de apaches, también porque no predican con el ejemplo.
¿Será que no hay nadie que les diga que aquello que les genera las ganas de protestar es absurdo, ridículo e incongruente? Especialmente incongruente. Ellos aplican exámenes,¿ por qué no hacerlos ellos? Pero no oigo a ninguno de nuestros representantes decírselos.
¿Por qué no quieren presentar exámenes? Tienen miedo. Lo entiendo. Las pruebas dan miedo. Pero yo recuerdo a mis maestras de primaria, Miss Úrsula y Miss Sarita que me decían: ¿Tienes miedo? Estudia. ¿Por qué no quieren estudiar los maestros? ¿No quieren reprobar? Estudien. Tienen hasta tres oportunidades para pasar las evaluaciones. Me parece mucho más desgastaste salir a las calles, agarrarse a patadas con los policías, plantarse en la explanada de San Lázaro, padecer el sol y la lluvia, comer mal, no tener a dónde ir al baño, que tomar un libro entre las manos y ponerse a estudiar para el examen.
Además, se supone, son maestros porque tienen un llamado, porque la vocación les ha brotado del alma y les gusta enseñar, ¿qué hacen tan lejos de las aulas? ¿Por qué diputados y senadores no se fajan los pantalones y aprueban la reforma educativa que merecen nuestros niños y jóvenes? ¿Por qué el jefe de gobierno del Distrito Federal tolera tantos desmanes y despropósitos? No entiendo.
Lo que no entiendo es que nadie se entere de que la ignorancia es reversible. Reversible también quiere decir cambiar de estado, regresar de un estado a otro. Si los maestros tienen miedo a exponer su ignorancia, si sienten pánico de reprobar un examen, tal vez sea porque nadie les ha explicado que su ignorancia es reversible y pueden volver, con solo estudiar, al estado que originalmente los llevó a pararse frente a un aula: Saber algo que pueden enseñar.
He sido maestra. He dado clase y se lo que es que de repente te agarren en curva, que te pregunten algo que no sabes o que encuentren un error en tus exposiciones. Pero, también se que eso se remedia estudiando. Un maestro siempre estudia. Un maestro de verdad jamás se aleja de los libros. En el momento en que lo hace deja de serlo. Le abre la puerta a la ignorancia y la sienta en el lugar de honor. Pero…, incluso ese terrible acto de soberbia se puede remediar. Es reversible. ¿Cómo? Estudiando. Haciendo eso que en el salón de clases le exigimos a los alumnos. Si, sin duda la ignorancia es reversible. La soberbia, por desgracia, es inflexible.

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Sin sorpresas

La única sorpresa con la que me topé esta mañana fue la de salir del club y ver que habían evacuado el edificio. Mi marido me esperaba en la recepción con cara de angustiaTembló, ¿por qué no te saliste?, ¿qué no oíste los silbatos? habían evacuado todo el edificio y nosotras, las que estábamos en el baño de mujeres, entre los ruidos de las secadoras y el chisme matutino ni cuenta nos dimos del temblor, ni del operativo para desalojar las instalaciones.
Retiembla México en sus centros. Los datos dicen que eso es lo normal, estamos en la zona del eje volcánico, el Popo no deja de escupir fumarolas, los signos dicen que el subsuelo está en actividad y es mejor que la energía se libere de a poquitos. Sabemos que en México siempre tiembla.
También sabemos que este sexenio, a pesar de los pactos, planes nacionales de desarrollo, discursos y parafernalias empezó lento en términos económicos. Los números no se ven bien desde hace rato, así que no hay que sorprendernos de que el gobierno haya disminuido, una vez más, su pronóstico de crecimiento. Lo sorprendente es que no se esté haciendo nada para frenar esta caída. A principios del año la suposición era que el crecimiento del PIB fuera del 3.5%, una cifra modesta que no daba mucho para presumir, ahora ya vamos por los niveles del 1.8%.
El gobierno peñista contrae el gasto y con ello apaga el fuego que da energía al aparato económico. Se desincentiva la inversión. Por si fuera poco las remesas familiares, que en otras ocasiones salvaban el número, cayeron por debajo de los niveles del 2010.
No. No hay sorpresas. Esto ya lo veíamos venir. Los números cuentan historias muy precisas a quienes saben leerlas. Los relatos numéricos no aceptan interpretaciones, son objetivos. No dejan nada al terreno del gusto. Así son las cosas. Las muestran con sinceridad y no hay posibilidad de engaño. Lo que pasa es que no hay muchos que las quieran leer.
Es como el cuento del pastor y el lobo. De tanta advertencia, ya nadie hace caso. Lo bueno es que los números no son soberbios, jamás dicen: te lo dije. Pero las ocho columnas de varios diarios nacionales hacen sendos escándalos de lo que antes sólo reportaban en las páginas interiores. La verdad es que no hay que hacer tanto escándalo. Los números dicen que en el segundo semestre del año las cosas van a mejorar. ¿Por qué? Porque en Estados Unidos habrá una aceleración de la actividad económica que nos beneficiará.
Lo cierto es que hoy que andamos de escandalosos con la reducción del cálculo estimado de desarrollo. En vez de andar cortándonos las venas, deberíamos aprovechar para impulsar los cambios que sustenten el crecimiento en serio. ¿Cómo hacer entender a nuestros próceres que PEMEX ya no puede más? ¿Cómo transmitir que no todo es cuestión de ideas, que hay cosas que deben sustentarse en los números? ¿Cómo pedirles a tantos que cierren la boca y mejor hagan cuentas? Ya no alcanza. No hay forma de que alcance si seguimos haciendo lo mismo todo el tiempo. Hay que cambiar, si no, ya sabemos. Los números no mienten.
En serio, la sorpresa de hoy en la mañana fue el temblor. La reducción de la que nos informó el INEGI, por desgracia, ya la esperábamos. Nada nuevo bajo el sol.

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