¿Sobrará el trabajo?

¿Qué nos pasa a los mexicanos frente al petróleo? Pareciera que el oro negro tiene efectos hechizantes que nublan la claridad de la mente de cada uno de los que nacimos en esta tierra que es un cuerno de la abundancia. Al mejor y más antiguo estilo priísta, Emilio Lozoya, director de PEMEX, se lleva las ocho columnas con la declaración de que si se aprueba la reforma energética sobrará el empleo.
¡Ay, Don Emilio! No haga eso. Este tipo de declaraciones suenan a las del expresidente López Portillo cuando dijo que defendería el peso como un perro y mire nada más lo que sucedió. Fue él mismo quien nos aconsejó que nos fuéramos acostumbrando a administrar la abundancia y la abundancia no llegó. Al menos no llegó para todos. Muchos, incluido él, sí que administraron sus abundancias particulares, el resto de los mexicanos, no.
Enamorar con el plumaje del pleno empleo es como enseñarle a un niño hambriento una torta de jamón. El mundo vive una situación en la que generar empleos se ha convertido en algo sumamente complicado, las economías, en general, están padeciendo una desaceleración que en algunos países huele a recesión. Así que presumir que nos convertiremos en una fábrica de empleos, suena exagerado. Especialmente si se escucha la voz de la izquierda que dice que la reforma es una porquería.
Pero para Lozoya la reforma es una chulada que generará tal cantidad de empleos que faltarán trabajadores para cubrir las vacantes. Será menos. Lo que sí creo es que el actual esquema de PEMEX está dando muestras de haber reventado hace años. Los números que reflejan la ineficiencia de la paraestatal los dio a conocer Pedro Joaquín Coldwell, Secretario de Energía, las cifras de eficiencia y productividad van a la alza, los resultados a la baja. El estado de perdidas y ganancias de la entidad está mal y de malas.
Las cosas no pueden seguir como están, eso es evidente. Pero no podemos engancharnos con la promesa de que la reforma energética propuesta por Peña nos convertirá en el paraíso terrenal, eso es una mentira que ni un niño inocente se debe creer.
A los mexicanos se nos desajusta la cabeza con el tema del petróleo. Parece que no sabemos guardar cordura frente a los productos del subsuelo. ¿Será que los sentimos sagrados? Cuidado. Hace falta mesura en épocas en que todos gritan por la reforma. Unos consignas, otros vítores. Ni unas, ni otras. Ambos extremos me hacen sospechar y para salir de dudas, hay que analizar. Y, sí. Hay que reformar.

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