Caminito de la escuela

El despertador suena a las cinco y cuarto. Llevaba callado casi dos meses pero hoy volvió su repiquetear que tuvo el efecto del cabo corneta que despierta con entusiasmo a los militares en la barraca. Tututurutututururtututú. Todos listos y a sus puestos. Tal vez porque es el primer día, hoy no hubo carreras, ni gritos, ni sombrerazos. El desayuno corrió entre risas y emoción. No amanece todavía. La oscuridad de la madrugada aún no le da paso a la luz del día, pero el olor a mañana ya se instaló en la casa. Café, pan tostado, mantequilla. En la cocina de mi casa ya amaneció.
Mochila llena, libros nuevos, lápices con punta afilada, olor a nuevo. Todo en orden. Hasta nos dio tiempo de la bendición y el abrazo para desear un buen ciclo escolar antes de que llegara el autobús escolar, al que aun no me acostumbro y con el que todavía no estoy de acuerdo. Salen sonriendo, saludan a la nana, al chófer y se vuelven agitando la mano. Nos vemos al rato. El camión arranca y se pierde al dar vuelta en la esquina.
Allá van mis hijas en su caminito de la escuela, porque, como dijera CriCri, quieren aprender. Y, tal como lo dice la canción, van, aunque no lo reconozcan abiertamente, encantadas de volver. Van con la mochila bajo el brazo, llena de los libros que según el grillito cantor, les enseñarán cómo vivir mejor. Lo bueno es que también llevan goma de borrar, para deshacer los entuertos que los días del calendario escolar traigan consigo. Porque así es la vida.
La casa se queda en calma, en silencio. ¿Quién quiere salir de la casa hoy? Será mejor trabajar aquí. En este lugar donde extrañaré sus voces, sus pasos, sus preguntas y sus besos. Será por ocho horas. La mañana sin ruidos servirá para darle cause a tanto pendiente que quedó en el tintero desde el primer día de vacaciones del verano. La rutina de todos los días vuelve. Eso es bueno. No son tan buenos el tráfico, las carreras, los cerros de libros que debo ordenar, los cientos de papeles que debo archivar, los…
Allá van mis hijas en el caminito de la escuela, a veces me gustaría volver. El año pasado ellas se fueron a sus escuela y yo a la mía. Hoy, yo me quedo y ellas se van. Miro la cantidad de pequeñas y grandes cosas que me faltan por hacer. Sí, sin duda me gustaría volver al caminito de la escuela. Pero, se que el mío es ya otro camino.

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