Como Sheldon Cooper

Los referentes aspiracionales cambian de generación en generación. Antes los referentes se relacionaban con estrellas de cine, o con la música. La gente, en general, al presumir ciertos atributos, revelaba sus aspiraciones y en sus criticas mostraba sus temores y sus peores disgustos. Así, nuestras abuelas dirían, mi marido es tan guapo como Jorge Negrete, tan simpático como Pedro Infante, tan entonado como Luis Aguilar. O bien, dirían, fulanito es tan feo como el Flaco de Oro, tan ordinario como el Pachuco de Tintán, tan espantoso como Nosferatu. Todas querían ser tan suertudas como Grace Kelly, tan elegantes como Ava Gardner, tan valientes como María Félix o tan simpáticas como Doris Day. Ellos aspirarían a ser como Rock Hudson o Charles Atlas. ¿Y cómo no? Sus referentes eran figurines, maestros de la buena vida, viajeros de primera clase y además proyectaban sonrisas del tamaño de la pantalla.
Después la referencia tuvo un cambio de estafeta. El cine le cedió lugar a la televisión. Mis primas mayores querían un mayor Tony Nelson de novio y ellas querían vestir como Bárbara Eden en Mi bella genio, querían los poderes de Hechizada y se burlaban de las que tenían novios como Darwin, el esposo de la brujita interpretada por Elizabeth Montgomey. Luego la aspiración era ser tan fuertes y tan veloces como el Hombre Nuclear y La Mujer Biónica, aunque fuerza y la velocidad se vieran en cámara lenta. ¿Quién no quiso tener la cabellera de Farrah Fawcett? ¿Cuántos señores no quisieron una nana como Miss Fine ¿Quién no aspiró a tener a los amigos de Rachel? ¿Quién no quisiera tener un médico tan atinado como el doctor Gregory House? Cada época ha tenido sus referentes aspiracionales y todos hemos ido en busca de estos héroes míticos que nos hacen fantasear y tocar lo inalcanzable.
Pero las epocas cambian y los referentes también. Últimamente he escuchado a muchas personas usar a Sheldon Cooper como referente aspiracional. Por ahí escucho, mi hijo es como Sheldon Cooper, mi marido es idéntico a Sheldon Cooper, es igualito a Sheldon Cooper. Madres, hijas, esposas, novias, amigas, comparan al fulanito en cuestión con el personaje del programa The Big Bang Theory que interpreta Jim Parsons. Las escuchó y me muero de risa. Todas, me imagino, se refieren a las cualidades del súper genio, con un nivel extraordinario de inteligencia, y un conocimiento científico sobresaliente. Pero, ninguna parece darse cuenta de que se trata de un personaje cómico que se burla de la discapacidad social de un nerd cuya inteligencia emocional esta a nivel del subsuelo. Lo chistoso del programa es la demostración del absurdo, es la confirmación de que el diez en la boleta no garantiza el éxito en el mundo real y que el domino del conocimiento científico no es suficiente para operar una vida funcional. ¿Es eso lo que estas mujeres quieren de referente y a lo que en verdad aspiran?
Me río, y me ganan las carcajadas internas –no es de buena educación reírse en la cara de la gente– porque las que presumen a sus Shedon particulares, evidencian a personas disfuncionales. Entonces imagino al amigo que es idéntico al personaje en cuestión, sin poder manejar; al hijo que vive enajenado frente a una pantalla, que juega Halo todo el tiempo y que no soporta que alguien se siente en su lugar. Las peores son las que presumen parejas como Sheldon que es incapaz de tener ningún tipo de contacto cariñoso con Amy Farrah Fowler, la novia del genio, a la que le hacen el favor de otorgarle el privilegio de convivir con un ser tan genial. Resulta entonces que ellas son mujeres anhelantes y en espera de que algún día despierte el instinto de su Shelly en cuestión.
Vaya con nuestros referentes. Antes gustaban los referentes con características positivas, con cualidades, fantásticas y de ensueño, hasta artificiosas y poco verosímiles, pero cualidades. Ahora nos enganchamos con la aspiración de lo absurdo. Con seres ególatras, sin interés en el contacto real, sin la posibilidad de funcionar bien más que en condiciones de laboratorio, pero eso sí, ultrainteligentes. Vaya, vaya. Tal vez no me debería dar tanta risa.
En pantalla, el personaje corre de forma magnífica porque se trata de una comedia, con una evidente intención de burla al mundo de los inadaptados. ¿Pero, en serio nos gustaría tener tan cerca a alguien como Shedon Cooper? Tal vez deberíamos de tener más cuidado al revelar nuestros referentes aspiracionales. Que quede claro, Sheldon Cooper me hace reír y cada que puedo veo el programa, lo quiero en pantalla, no a mi lado. Puede ser que me diga You are in my spot y tenga que moverme de lugar.

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