Si un gato negro

Si un gato negro te mira con ojos de esmeralda y pupila de raya es que has despertado su curiosidad. Tampoco es gran hazaña, los gatos son curiosos. Les gusta acercarse lentamente y sorprender. Siempre he dicho que a mi no me gustan los gatos, más bien soy una persona de perros. De niña no hubo animales en casa, a mi mamá no le gusta convivir con ellos, sin embargo, Bob, un collie más educado que sus propios hijos, según sus propias palabras, la hizo cambiar de opinión. Entonces yo tendría unos trece años. Después de Bob, vendrían una serie de Kaisers, todos collies, luego Chester, un viejo pastor inglés, Danner un Gran Danés, en casa de mis padres. En la mía, Luca y Vito, mis adoradosblack and white y Muffin me han acompañado en la vida. Siempre perros.
Pero la curiosidad y la complacencia se mezclaron. Acompañé a Andrea al albergue de gatos y, casi sin darme cuenta, regresé con una hija que traía en brazos una pequeña cachorrita de pelaje negro y ojos verde mar. ¿En qué estabas pensando? Me preguntan los que me conocen. Cómo si no fuera suficiente con Muffin, una terrier escocés y con Cheto, un perico México, ahora gato, pero en femenino. Mi casa es el Arca de Noé versión 2013.
¿No dijiste que tú no quieres a los gatos? Sí, sí dije, pero quiero más a Andrea. Ahora hay felino en el hogar, de pelo tan negro como el carbón y ojos de canica. Desde luego, giré decenas de instrucciones, delimité el espacio de convivencia y puse mis condiciones. Debo decir que todas las murallas que construí fueron derribadas, no porque mis hijas desobedecieran, sino por la seducción de Bú, la gata negra.
Dicen que los gatos no son fieles. mienten. Bu sigue a Andrea por doquier. Dicen que son soberbios, yo he visto los esfuerzos de Bu para robarse el corazón de Dany y vaya si lo logró. ¿Cómo no, si le ronronea al oído, le hace panzas y le sonríe al verla? Sí, los gatos sonríen. El que dice que los gatos son aburridos, es que no ha visto a Bú persiguiendo un hilo. Al parecer, Carlos siempre tuvo razón, los gatos no son lo que yo creía.
Si Bú eleva la cola se pondrá a inspeccionar territorios, si agacha las orejas es que algo le pareció mal, si las pone en forma horizontal es que la cosa le pareció peor, pero si se frota contra tu pierna es que le caes bien, si se rinde y te muestra el vientre es que te tiene confianza. Pero si un gato te deja ponerlo boca arriba es que te tiene un auténtico e interminable amor. Yo veo que mis hijas siempre cargan a Bú así.
No lo quise creer, pero es verdad, si un gato negro te mira con ojos de esmeralda, te despierta curiosidad, si te muestra la panza, te ríes y te da ternura. Pero si una gatita negra te enseña que la fidelidad existe y es dada a toda prueba a una de las tuyas, entonces, esa gatita negra te ha conquistado. Y, así como mi mamá cambió de opinión con Bob, hoy yo cambió y digo ¡señoras y señores, con ustedes, Bú! Sí una gatita negra te enseña que es de sabios cambiar de opinión, lo mejor es bajar la guardia y sonreír, como ella lo hace.

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