Niebla y pescador

No son nubes algodonadas que adornan el cielo, es un manto gris aterciopelado que funciona como cortina que avanza rápidamente y cubre la Bahía de Acapulco. Truena y los relámpagos iluminan con destellos instantáneos lo que el sol no alcanza a ver. En segundos el azul del mar se transforma del tono agua al marino profundo y el olor a humedad se intensifica. Va a llover.
Todas corremos a protegernos del agua que aún no llega. Jalamos las toallas de alberca, las chanclas de hule, las botellas de bronceador, las camisetas de algodón para evitar que se mojen las cosas. Olvido mi iPad junto a la alberca y salgo corriendo al rescate.
Imposible seguir corriendo. Quedo hechizada con el movimiento de esa muralla que se ha formado entre Caleta y la isla de la Roqueta. Parece un telón de raso gris perla que se mueve conquistando el territorio y ganándole espacio al mar. Las lanchas huyen en sentido contrario, los jetskies, las bananas, los waveboards buscan alejarse. Sólo la lancha de un pescador se aventura en dirección de la tormenta. Está loco, pienso, sin embargo, de inmediato me desdigo. Los que huyen son los primeros perderse en las entrañas de esa nube que decidió bajar del cielo.
El pescador apaga el motor de la lancha y espera, queda ahí suspendido entre las olas del mar que agitan la embarcación, la mueven de un lado al otro y la cortina avanza presurosa. Los truenos y los relámpagos continúan, ni aumentan, ni disminuyen. Sencillamente, continúan.
¡Quítate de ahí!, me gritan. No me puedo mover, estoy intrigada con la suerte de la lancha que ya fue engullida por la niebla. La gotas de lluvia caen sobre mi. Son finas y tibias. Es agradable estar ahí. No encuentro razones para moverme. Alguien me quita el iPad de las manos y regresa corriendo a su lugar de seguridad. Las advertencias, te va a caer un rayo, te vas a mojar, te vas a…, se escuchan tan lejanas. Me siento cerca de una lancha que no alcanzo a ver.
Caleta se despeja, se revela la silueta de la Roqueta, la línea dorada de la playa se vuelve visible, los jetskies, bananas, waveboards, siguen huyendo. La lancha juega a balancearse en el mar sin haber cambiado de sitio. Por fin, desaparece la niebla, se va la tormenta. El pescador enciende el motor y continua su camino. ¡Buen camino!, le grito con todas mis fuerzas. Sé que no me oyó.
La enseñanza del pescador, ¿de qué sirve huir de la tormenta?¿para qué darle la vuelta a males que, tal vez, no vayan a llegar? ¿No es mejor dar la cara que dar la espalda?
Sin duda es mejor dar la cara. Ver la niebla que cubre Acapulco y se va sin dejar grandes trastornos, no me trajo ninguna catástrofe,todo lo contrario. Agua tibia, gotas que resbalan por el rostro, el cuerpo y regresan a formar parte de la tierra. La lancha de un pescador que atraviesa el hueco que quedó entre Caleta y la Isla de la Roqueta. Una enorme sonrisa y, por alguna extraña razón, una sensación de paz en el alma.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Emilia Mejia
    Ago 01, 2013 @ 13:23:08

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    besoss!!
    Emilia

    Responder

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