El cerebro humano y el multitasking

Enciendo el radio del automóvil y me topo con una discusión interesante sobre el funcionamiento del cerebro humano. En ella participan un neurólogo, una psicóloga y la moderadora del programa que hablan de la capacidad de las personas para hacer varias cosas al mismo tiempo. La locutora presume que ella puede llevar a cabo siete actividades al mismo tiempo y enlista: la conversación que sostiene con su productora, la entrevista que está realizando, la consulta de las pantallas de Twitter y Facebook, la verificación del canal online de Reuters, la charla que tiene consigo misma y el café que se está tomando. Con sólo escucharla siento que ya me chupó la mitad de la energía. Ella está muy orgullosa de su habilidad de ser la mujer orquesta.
Dice que las mujeres somos multitasking, miro alrededor y veo que la conductora del auto de al lado va hablando por teléfono, se va maquillando y va manejando, todo lo realiza al mismo tiempo. La locutora del programa se jacta de tener esa gran capacidad de estar en todo en el mismo segundo. Dice que ella es de esas madres que cada mañana son capaces de preparar el desayuno, limpiarle la nariz al niño, darle la bendición, entregarle la lonchera, despedir al marido, moverle a la cazuela que está en la estufa, ver la tele, vestirse y arreglarse para llegar a tiempo a su primera cita de trabajo del día, todo a la vez. Lo dice con un dejo de superioridad.
Los expertos la paran en seco. No, el cerebro humano no es multitasking, fue diseñado para atender una cosa a la vez. Funciona como si tuviera una serie de interruptores que se encienden y apagan a gran velocidad y eso hace parecer que podemos hacer muchas cosas al mismo tiempo, pero no. Entonces, si estamos escuchando el radio y suena el teléfono, el switch de atención a la radio se apaga y se enciende el que da atención al teléfono, pero si vamos manejando, hablando con el copiloto, atendiendo una llamada del celular y pintándonos la boca, los interruptores de atención se prenden y apagan a una velocidad vertiginosa, tanto así, que parece que estamos haciendo varias cosas a la vez. El cerebro nos engaña y nos hace creer que atendemos todo, pero el enfoque está en una cosa a la vez.
Todo funciona de la misma forma en que una Mac lo hace con un sistema operativo de Windows, simplemente simula estar en este ambiente, cuando, en realidad, no es así. Claro que el engaño tiene consecuencias, las operaciones de la computadora se alentan ya que estamos forzando a la máquina a trabajar de una manera que no le es natural. Algo similar sucede con el cerebro.
Nos engañamos pensando que podemos mover varios hilos a un tiempo, cuando en realidad, estamos conectando y desconectando los interruptores, forzando al cerebro a llevar acabo actividades que no son naturales. Las consecuencias, según los expertos del programa de radio, pueden ser dos: padecer un agotamiento permanente, del cual nos resulta difícil o casi imposible reponernos, o bien, tendemos a ser dispersos. No estamos ni en un lado ni en otro, no hacemos bien ni una cosa ni la otra. El cerebro, como un mecanismo de defensa, se vuelve distraído. Al ser incapaz de estar atento a todo, decide sencillamente ponerse en piloto automático de forma permanente.
Es el síndrome de la era de las súper comunicaciones en tiempo real, perdemos la capacidad de enfoque, mientras más cosas hacemos al mismo tiempo, más desgastamos al cerebro hasta llegar a un estado muy cercano a la catatonia. Nos volvemos incapaces de poner atención. Es tanto lo que está al alcance, hay tanta información que si el cerebro no alcanza a discriminar, decide bajar todos los switches haciéndonos creer que estamos en todo. ¿No crees?, le preguntan los expertos a su anfitriona. La locutora no responde, ni participa en la charla, seguro se distrajo viendo alguna de sus pantallas.
El peligro es que al acostumbrar al cerebro a no poner atención nos ponemos en riesgo y, arriesgamos a los demás, a causar un accidente. La locutora grita con el micrófono abierto y escucho su grito de dolor, acaba de echarse la taza de café encima.
De esta forma acaba la entrevista y mejor apago el radio. Prefiero concentrarme. En esta ciudad hay mucho multitasker manejando. Mejor pongo atención antes de que alguno me lleve de corbata. Como decía mi abuela, el que mucho abarca, poco aprieta. No sea que por creer que soy la súper mujer multitasking termine con la boca abierta, sonriendo y mirando al cielo sin poder responder cuando alguien me haga una simple pregunta.

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