Jorge Ibargüengoitia

En general, es difícil estar de acuerdo con los críticos, sin embargo, hay ocasiones en las que verdaderamente es imposible compartir su punto de vista. Cuando el tema se relaciona con cuestiones que permiten medición, los desacuerdos se disuelven con la contundencia de los números. El problema radica en la subjetividad. No hay nada más complicado que enfrentar opiniones, que discutir acerca de gustos o pelear para defender puntos de vista. En arte eso es frecuente.
La discusión de si algo me parece una expresión artística o una ocurrencia es antigua. Nadie tiene bases para criticar si algo es de mi gusto o no para a partir de ello juzgar si estoy en lo correcto o no; por ello el gusto no es un parámetro de evaluación. No puede serlo. Entonces, las mediciones que nos permitan calificar han de ser otras. En letras, se tienen en cuenta el uso de las palabras, el ingenio del autor para abordar cierta línea narrativa, la redacción, las descripciones, el manejo del tiempo, entre otros.
El fin de semana pasado leí una critica que se hizo de Jorge Ibargüengoitia. No me gustó. no estoy de acuerdo con ella. El autor, Christopher Domínguez Michael, opina que el autor de Las muertas, es un autor que fue popular en su momento y ahora ya no es tan leído. Dice que los temas que Ibargüengoitia trataba ya no están de moda, que lo venció el tiempo y no pasó la prueba de la Historia.
Yo creo que el ingenio no pasa de moda. No necesito defender a Don Jorge, para eso están sus textos. La ironía y la inteligencia con la que abordó los temas que reflejan, sí, una época en un México pos revolucionario son una delicia, pero también son relatos disfrutables en cualquier parte del mundo, para cualquier persona, ya que son escritos que tienen potencia, personalidad y sobre todo estupenda pluma. Desde luego vencen la prueba de la Historia. Cualquiera entiende lo que sucede en sus novelas y se desternilla a carcajadas con los conflictos y después de que nos ganó la risa se da paso a la reflexión y al análisis.
Del articulo de Domínguez me quedo con una reflexión. Dice que Ibargüengoitia no presintió la muerte que le llegó por sorpresa en un accidente aéreo cerca del aeropuerto de Barajas. Él se imaginaba a sí mismo viejo y escribiendo mil historias. Declaró que guardaba tantos relatos en la cabeza que una vida no le alcanzaría para poderlos poner en tinta y papel.
Una razón más para apasionarme con este escritor. ¿Cuántas historias se habrá llevado al más allá? ¿Cuántas nos faltaron por disfrutar? No. Definitivamente no se puede estar de acuerdo con los críticos. En mi opinión el tono de Ibargüengoitia, en el que con un humor ácido y una ironía sin fin, fue la premonición del desgaste del tema revolucionario, tanto en el discurso político como en el literario. ¿A poco no le hace falta un punto de vista similar, un tono así al tema de la Guerra Civil española?
Sí, a mi me gusta leer e Ibargüengoitia, y tal como acabó de decir, eso no es suficiente para decir si su obra es buena o mala. Pero me gusta además de por razones técnicas, por la forma que tiene de arrancarme la risa donde deberían brotar lagrimas. Eso sí es un arte.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Jul 10, 2013 @ 23:42:45

    Si Ibargüebgoitia está pasado de moda,,,inagínate como están Quevedo o Cervantes….

    Responder

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