Efecto contrario

André Bretón dijo que las imágenes debían impactar al espectador tanto como para causar un choque emocional inolvidable, se refería a expresiones artísticas, lo mismo en pinturas, esculturas, letras y especialmente en fotografía. El efecto es importante, debe ser como un golpe asertivo, que deje al que contempla atarantado, para así llegar al inconsciente y dejar una marca imborrable. ¿Quién no recuerda los bigotes de Dalí?
Claro, eso fue a mediados del siglo pasado. Hoy se ha abusado del consejo surrealista de Bretón. Últimamente hemos sido bombardeados con campañas publicitarias que en busca de ese impacto se han acercado peligrosamente a la frontera que divide el asombro y la ofensa, la sorpresa y el disgusto, lo impactante con lo grotesco.
El manejo de temas polémicos se ha hecho costumbre en el mundo de la moda, no es novedad ver campañas que buscan atrapar la curiosidad del consumidor a partir del escándalo. Benetton ha hecho historia con campañas en las que aparecen modelos de sacerdotes y monjas basándose, o que simulan un beso francés entre Obama y Putin. Y les ha resultado, muchos recordamos estas imágenes. Son arriesgadas, pero no siempre han salido bien. La misma compañía se disculpó al poner una pareja de bebes, una nena de carita angelical tez blanca y bucles rubios, junto a otra de piel morena, raza africana con un peinado exótico que simulaba cuernos, la campaña destacaba los contrastes y se entendió que un bebé representaba el bien y el otro lo contrario. El rechazo del publico se hizo patente. Las quejas de organizaciones de todo tipo brotaban por doquier. No resultó nada bien.
Se supone que una campaña debe atrapar al consumidor para invitarlo a comprar los artículos que anuncia, o eso se pensaba. Sin embargo, en nuestros días existe una tendencia, que se disfraza de arte, en la que los publicistas de moda quieren desatar escándalos y no les importa cruzar la frontera del el buen gusto, que en teoría es lo que rige el mundo de la moda. Por ejemplo, la campana last words recrea en una sesión fotográfica los suicidios de periodistas y escritoras como Virginia Woolf o Sylvia Plath. Las imágenes fotográficas son impecables, el impacto del que habla Bretón se logra, sin embargo, el resultado no es positivo.
Al ver las imágenes el estomago se hace nudo y el corazón se sobrecoge. Como arte me cuesta trabajo reconocer la intención de la fotógrafa, como empresaria no entiendo a quién se le puede antojar comparar los artículos que anuncia una mujer en tránsito a ser cadáver.
No se trata de un enfoque artístico que se aleje de lo convencional. Se trata de un juego macabro que les costó la critica y el rechazo de sus consumidores objetivo.
Se dio el efecto contrario. Lejos de causar admiración, curiosidad o atracción, se causa rechazo, encono y coraje. No se trata de escandalizarse ante imágenes suicidas. El problema es la frivolidad con la que se tratan y el efecto que causan. Lograron lo contrario de lo que pretendían.

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