Entre penas y vergüenzas

Es una pena que haya muerto James Gandolfini, magnífico actor de cincuenta y un años que dio vida a uno de los personajes de la mafia más emblemáticos de la historia de la pantalla, Tony Soprano. Un rostro gentil y amable que se transformaba en cruel y despiadado, lo que le valió para llevar a la serie que estelarizaba a durar seis temporadas y a consolidar al canal HBO. Durante ochenta y seis capítulos Gandolfini nos mostró las ebulliciones su personaje, los tormentos a los que lo sometían su madre, su mujer, su vida de mafioso, los ataques de pånico, las sesiones con su terapeuta, que muchos disfrutaron enormemente. Su muerte, una pena, sin duda.
Es una vergüenza ver lo que Ernesto Cordero y sus secuaces hacen por quedarse con las arcas de su fracción parlamentaria en el Senado. No les fue suficiente exponer sus pleitos para hacernos evidente su calidad de viejas de lavadero, ahora nos deleitan con su altura de miras, sus objetivos parlamentarios y su patriotismo que quedan a la medida de los billetes y monedas que le puedan sacar a la caja que ellos ven como botín.
Es una pena que un notario público se preste a estos juegos absurdos.
Es una vergüenza que un notario público se preste a estos juegos absurdos.
Es una pena darnos cuenta en manos de quienes hemos puesto al país, es una vergüenza la falta de pudor con la que exhiben sus bajezas.
Es una pena que la selección nacional no haya logrado un buen resultado en la Copa Confederaciones en Brasil.
Es una vergüenza que los seleccionados hayan sido sorprendidos fuera de la concentración y en un antro, bebiendo y pasándola bien con chicas brasileñas exóticas y guapas, cuando debieron estar enfocados en sacar el mejor resultado posible.
Es una pena ver que nuestra selección de futbol nos alcance para puras vergüenzas.
Es una pena ver Coyoacán en ese nivel de descuido y presa entre gente corrupta que se disfraza de gente preocupada por el bienestar de la delegación.
Es una vergüenza darnos cuenta que eso no es cierto, que el secretario particular del señor delegado ya cayó al pozo, que las mordidas fluyen y que se ha creado un ambiente del terror de la mano de tanta corrupción.
Es una pena que Gandolfini no encarnará más a personajes mafiosos que muestren la parte oscura del ser humano.
Es una vergüenza que nuestros políticos mexicanos nos muestren sus oscuridades con tanto descaro, que se comporten como grupos de mafiosos en vez de un cuerpo legislativo y que nuestros seleccionados vayan a pasear en vez de a jugar y traer buenos resultados.
Es una pena que el rostro de James Gandolfini desaparezca de las pantallas.
Es una vergüenza que el de Cordero siga apareciendo y dando nota, que el Chepo niegue que sus muchachitos no dejaron la concentración, que el Delegado de
Coyoacán se esconda en su oficina y no de la cara.

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