Laicidad

Mi mamá suele decir a menudo, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Ese es el principio del orden, cuando algo se sale de su espacio se abre la puerta al desorden, al caos. Para mí, los aspectos de la vida deben estar acomodados y deben de tener límites. La laicidad es una forma de tener las cosas en orden.
Los aspectos de la vida civil y de la religiosa no se deben confundir. La sociedad debe ser laica. Esto marca un principio de respeto. No todos piensan igual, ni creen en lo mismo que yo. En ese sentido la vida en comunidad debe buscar la neutralidad que me permita creer en lo que yo quiera sin que otro deba adherirse a mis creencias. No hay que confundirnos, laicidad no significa defender la falta de fe. Un laico respeta lo mismo a un ateo que al que manifiesta su fe en Dios, en el Dios que cada quien elija.
Mezclar las manifestaciones civiles con las religiosas es una falta de respeto. Se rompen fronteras que resultan sumamente sensibles. El aspecto civil y religioso forman parte integral del ser humano del siglo veintiuno, uno no debe subyugar al otro. Las autoridades no deben opinar en temas de fe tanto como las religiones se deben apartar de los temas civiles. Es decir, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
La laicidad como un elemento de convivencia moderna garantiza que yo pueda expresarme en términos políticos y religiosos con absoluta libertad. Da igual si mi fe es compartida por muchos o por pocos, si mi filiación política es del agrado de todos o de nadie, es mía y por lo tanto debe ser respetada y defendida.
El problema empieza cuando las fronteras se confunden, cuando el Estado me prohibe manifestar mi sentimiento religioso o cuando un jerarca religioso me indica como debo de elegir. No me gusta escuchar en el púlpito mensajes políticos, tampoco escuchar predicas en voz de los políticos. En el momento en que se rebasan esos límites las cosas se salen de su lugar. Eso causa confusión, luego coraje y problemas. La imposición es siempre una mala idea.
No es adecuado que una persona que detenta un cargo público haga alardes de su fe, por más que sus intenciones sean buenas. Invocar la ayuda de Dios en un acto de gobierno es tan malo como burlarse de los que creen en un poder superior.
Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. La fe o la falta de ella debe reservarse a la intimidad. Si creo o no es un tema tan personal que no debe ventilarse en la plaza pública. Lo digo por Tiros y Troyanos.
Ser laico es ser neutral, es respetar el derecho del otro a ser diferente, es el sustento de la paz.

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