La paciencia de Alberto Patishtán

Parece ser que la paciencia del maestro chiapaneco Alberto Patishtán será recompensada. A punto de cumplir trece años preso, por un crimen que jamás se ha podido sustentar que él cometió, esta semana el Primer Tribunal Colegiado del Vigésimo Circuito en Tuxtla Gutiérrez tendrá la oportunidad de darle cause a la justicia.
Ya he hablado de Alberto Patishtán, este activista tzotzil al que acusaron del asesinato de siete policías cuando él ni siquiera se encontraba en el mismo poblado donde sucedió el crimen. He contado que mi amigo jesuita, Pepe Aviles lo conoce y sabe que Patishtán es inocente, y que las autoridades judiciales han ignorado las inconsistencias en su proceso, la insuficiencia de pruebas, la constante violación a sus derechos.
Esta semana se abre una ventana de oportunidad para que las cosas se hagan conforme a lo que es justo. No hay manera de devolverle a este indígena chiapaneco los años que ha vivido en la cárcel de forma injusta, de recuperarle la salud por las enfermedades que ahí ha padecido y los trece años que ha estado lejos de su familia, pero sí de devolverle la libertad que le fue arrebatada.
El obispo Raúl Vera ha apoyado sin cesar la causa para liberar a Patishtán. Este caso es un reflejo de esa sentencia popular, en México no hay gente culpable en los reclusorios, hay gente pobre. Es verdad, si comparamos esta injusticia que ha tenido a un inocente tras las rejas por algo que evidentemente no cometió, con los casos como el del ex gobernador Granier quien se escuda en una enfermedad para no pisar la cárcel, no podemos más que indignarnos. Abogados y estrategias legales apartan a los culpables de la justicia; inocentes pagan sobreprecios por delitos que no han cometido.
O, tal vez sí podamos hacer algo mas que indignarnos. Podemos,además de enojarnos, denunciar, repetir y repetir esta historia hasta que se le haga servicio a la justicia. Ya es hora de liberar a Alberto Patishtán. Ya estuvo bueno de volver la mirada a otro lado, y de hacernos de la vista gorda ante tanta arbitrariedad. Dejar solo a alguien en una injusticia es terrible y puede ser como el que escupe al cielo, así como abandonamos, podemos ser abandonados. Mejor denunciar antes de ser víctimas de este sistema torpe, corrupto y abominable.
Dicen que Alberto Patishtán está confiado y con esperanza de que pronto recuperará la libertad. Ojalá y así sea. Es momento de vivir o morir por la verdad y la justicia, como dice el maestro chiapaneco que todavía hoy esta tras las rejas.

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