Ríos desbordados

El agua no siempre es reflejo de vida. En los momentos en que la naturaleza pierde el ritmo, sea para aumentarlo o disminuirlo, los seres humanos estamos en aprietos. Cuando la madre del clima le sube al volumen el hombre se estremece.
El último invierno en Europa se prolongó hasta ya entrada la primavera. La necedad de la nieve y de las bajas temperaturas nos hacía dudar si estábamos en época de Navidad o Pascua, sólo los adornos de huevos decorados y conejas con encajes nos revelaban que no estábamos en los tiempos del pesebre.
La transición de las estaciones en Europa es siempre muy marcada, la diferencia entre el invierno y la primavera se nota y esos cambios, en general, suceden con puntualidad. Cuando hay alteraciones en el calendario climático sabemos que se nos están anunciando problemas.
El Danubio, el Elba, el Moldava, el Rhin y en general, todos los ríos europeos son afluentes tranquilas, propicias para el tránsito fluvial. Las embarcaciones con turistas y mercancías se deslizan por las superficies sin movimientos violentos, lo que hace de estas rutas hidráulicas una de las formas preferidas para transportar pasaje o mercaderías.
Fue a la vera de estos ríos que florecieron muchas poblaciones que hoy son de las ciudades más importantes del mundo. París no tendría tanto encanto sin el Sena. Salzburgo no se hubiera desarrollado tanto sin el comercio de la sal que se movía por el río, Berlín debe parte de su belleza al Rhín que le forma las islas que alojan los museos más importantes de Alemania. El Puente Carlos no tendría razón de ser si el río no dividiera a Praga. De todos el Danubio es de los más famosos. Tal vez sea por el vals, o por Viena, Bratislava y Budapest. ¡Vaya joyas por las que pasa esta afluente!
Los ríos son hermosos por su tranquilidad y docilidad, pero cuando despiertan y se salen de lugar, asustan. El desborde del río Elba rompió un dique y las autoridades alemanas tuvieron que evacuar diez ciudades. El colapso del dique de Fischbeck, al norte de Alemania, provocó el cierre de la principal ruta ferroviaria del país, la que une Colonia, Franckfurt y Amsterdam con Berlín.
El torrente de agua traído por las lluvias en Europa han provocado daños en Alemania, Hungría, República Checa, Eslovaquia y Hungría. La gente de Europa central sale de sus casas expulsada por el movimiento del cauce de los ríos.
El alcalde de Budapest dice que la inundación en la ciudad todavía no rebasa los límites de peligrosidad, mientras que Praga tiene agua en sus calles y callejones. Salzburgo y Viena se parecen cada día más a Venecia. El agua traspasa límites y causan angustia, perdidas y tristeza en las personas que ven sus casas, negocios y ciudades mojadas. Las inundaciones pudren todo lo que tocan.
Mi padre que trabajó por años en la Secretaria de Recursos Hidráulicos dice que el agua deja menos males que la sequía; que después de una inundación, vienen periodos de mucha abundancia.
Ojalá y así sea. Que tanta agua sea el presagio de bonanza y recuperación para un continente que lucha por permanecer unido, por ser próspero y al que, últimamente, no le ha ido muy bien.

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