El último día

Es la última vez que me sentaré en esta silla, en este lugar que elegí de forma tan cuidada, justo frente al maestro pero hasta atrás, como en el extremo redondo de una u. Un sitio que defendí y que a golpe de perseverancia, por fin, hice tan mío que nadie se atrevió a ocuparlo.
Es la ultima vez que me sentaré de este lado del escritorio como alumna del doctorado de Creación Literaria, la última que lo haré como la persona que busca un grado, que entrega un trabajo y se somete al criterio de la evaluación. No más calificaciones que se midan en la escala del uno al diez.
Fueron tres años, que como pasa cuando estas muy divertida, se fueron tan rápido que casi ni percibí en qué momento se me vino el final encima. Adiós al sistema de estudio y al cobijo que me dio el aula.
Inicié un camino con la conciencia del objetivo pero sin la menor idea de la meta. Hoy que la estoy cruzando sé que llegué al lugar correcto. Eso es lo mágico y misterioso de un programa de creación. En la subjetividad de las letras se encuentra un tesoro. En ningún ámbito, como en este, el punto de vista, la medida, la valoración es algo tan personal y tan fuerte. Aquí la opinión no únicamente cuenta, vale. No es algo tan sencillo como elaborar un EBITA, no es que al entregar un resultado todos sean capaces de ver lo mismo. No. Y esa es la magia, lo que para alguien chiquito es grande, para alguien grande es chiquito y lo enorme es que, en realidad, a veces te toca ser grande y a veces chiquito.
Esa es la gran enseñanza, la capacidad de reconstruir y reconstruir, con la conciencia de que la rueda de la fortuna un día te deja arriba y otro abajo, pero siempre está la posibilidad de volver a subir o de volver a bajar sin que eso signifique más de lo que debe.
Lo entrañable son los amigos, esos que en el último día de clases abandonaron su lugar de siempre para venir a mi lado. Esos que sin entender, ni preguntar fueron pilares. Me quedo con sus risas, con sus imágenes y su talento, pero sobre todo con la maravilla de haberlos conocido y de tenerlos en el corazón.
Sí, extrañaré, sin duda los extrañaré. A ellos, a los jardines, al salón, a mi silla, a mis demás compañeros, a mis maestros. Y, aunque me da miedo de cruzar el umbral que me lleva a la meta, reconozco que en el último día puedo alegrarme de haber llegado. Tal vez siempre estuve ahí, en ese lugar feliz que me devolvió la Casa Lamm, probablemente nunca lo hubiera creído de no ser por la buena compañía que tuve en el camino. Llegué. Por eso, hoy como nunca, amo mi silla y la última oportunidad de sentarme ahí.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. joseagg42
    Jun 08, 2013 @ 12:09:50

    Felicidades! es el último día, pero también el primero de muchos en sentirse que la meta se alcanzó con todo el esfuerzo y empeño que eso implica.

    Responder

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