Alberto Patishtan

La primera vez que oí el nombre de Alberto Patishtan fue de labios de Pepe Aviles, mi gran amigo, sacerdote jesuita, acompañante de los olvidados indígenas de Chiapas. Pepe tiene muchos años viviendo allá, conoce los temas y sabe de los dolores que atacan a los tsoltsiles. Ha dedicado la vida entera a ayudarlos, escucharlos, consolarlos y a educarlos. Así son los jesuitas, dan herramientas para transformar el entorno, prestan voz y la elevan fuerte en favor de aquellos a los que nadie quiere escuchar. En ocasiones, los de la Compañía de Jesús han resultado tan molestos que han sido expulsados de los territorios en donde se han empeñado en ayudar.
Pepe conoce personalmente a Alberto Patishtan y cree en su inocencia. Lo ha visitado muchas veces en su celda, lo ha animado, ha estado con él. Patishtan es un maestro rural acusado de participar en una emboscada que el 12 de junio del 2000 que le costó la vida de siete policías, y que además dejó dos heridos. Después de un proceso lleno de irregularidades fue sentenciado por lesiones, homicidio calificado y portación de armas de uso exclusivo del Ejército, entre otras que dicen que él cometió. El profesor rural siempre se ha declarado inocente. Es más, hay evidencia y testigos de que Alberto Patishtan no estaba ni cerca del lugar de los hechos.
Su historia a tomado tintes internacionales. Decenas de organismos se han pronunciado a favor de su libertad y la imagen de su rostro circula por otros países. Incluso el fallecido obispo Samuel Ruiz García fue a su celda para entregarle el reconocimiento “Jtatic Jcanan Lum” por su lucha en favor de los derechos humanos de sus compañeros. Este sencillo maestro rural se ha convertido en el símbolo de lucha de los que han sido encarcelados en forma injusta. Patishtan no aboga únicamente por él, también incluye a sus compañeros de infortunio, a los que no saben ni porque están ahí, bajo la sombra, en una celda.
Su día a día, en reclusión, ha sido sumamente difícil. En 2010 informó que padecía glaucoma, situación que se agravó por la inexistente atención médica en los centros penitenciarios. Al siguiente año fue trasladado al Centro Federal de Readaptación en Guasave, Sinaloa, pero gracias a un amparo pudo regresar a Chiapas. A principios de octubre de 2012 fue operado de un tumor en el cerebro, dos años después de que su visión comenzará a verse afectada. En el Instituto Nacional de Neurología “Manuel Velasco Suárez” lo esposaron a la cama, mientras esperaba su intervención quirúrgica.
Pepe dice y tiene razón que la forma de enderezar este entuerto es que no cesen las voces de exigir justicia y la libertad para los presos encarcelados injustamente. Es hacernos escuchar. Todos podemos ayudar dando voz a este problema y exigiendo la liberación de Patishtan. El triunfo de su liberación es nuestro, es tomar la opción de vivir por la verdad y la justicia elementales para el ser humano.
“Por la verdad no se puede callar ni descansar, mucho menos por la justicia que todos anhelamos los mexicanos. Digo esto porque realmente el sistema de procuración de ‘justicia’ está lejos de la luz de la verdad. Tal como incurrieron los tres ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre mi caso”, escribió el profesor Alberto Patishtan quien, pese a todo, mantiene una sonrisa en el rostro y no deja morir la esperanza.“Pueden pasar muchas cosas, pero yo digo que sí, que sí podemos tener una respuesta favorable”, ha declarado, mientras espera la tan ansiada libertad, esa que ha buscado por más de una década y que asegura, pronto llegará.
Hay un punto de acuerdo que se presentará esta semana en la Cámara Alta que tiene por objetivo exhortar al presidente Peña Nieto para indultar a Patishtan. Hay una amenaza de que esta sea desechada ya que tiene problemas de forma.
¡Basta! ¿Dónde está la justicia en México? Un hombre está encarcelado de forma injusta desde el año 2000 y no hay quién se haga responsable de su libertad. Esto es un tema de fondo, de conciencia y de humanidad. ¿No es suficiente haberle robado trece años de vida a un inocente?
Elevemos la voz en favor de Alberto Patishtan, de lo contrario pueden pasar otros trece años sin que este hombre alcance su justa libertad.

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