Ser diferente

Ser diferente es difícil. ¡Que curioso! En un mundo cada día más global, en el que las fronteras cada día son más tenues y el acceso a la información más fácil, ser diferente sigue siendo muy difícil.
En el mundo corporativo ser diferente es una cualidad. La diferencia se acredita como una ventaja competitiva que ayuda a sobresalir y eso es lo adecuado. Destacar y ser visto el lo que cualquier compañía anhela, ya que así, la que se distingue de los demás será la preferida, ocupará el lugar de honor, las leyes de oferta y demanda la apadrinarán.
Sin embargo, entre los humanos ser diferente es difícil. Los humanos no nos acostumbramos a ver al otro de cerca si lo percibimos distinto. Es más, mientras menos iguales se manifiestan, mayores acentos de desconcierto, de agresividad, de discriminación o de descontento se expresan.
En un instinto muy precario, los humanos nos comportamos como manadas que al ver una especie diferente, nos sentimos amenazados, la atacamos y la depredamos. Como sucede en las escuelas de peces, que se comen al que no es como ellos; como pasa en los panales de abejas cuando entra un intruso, las obreras se aprietan unas contra otras hasta asfixiar al huésped non grato.
Así, los que tienen gustos diferentes a los míos, los que hablan diferente, los que tienen un tono de piel menos igual, sufren discriminación.
En algunos casos la discriminación se manifiesta elevando las cejas o haciendo gestos. En otros los niveles de agresión son brutales. Tanto es así que se llega a la tortura, a la mutilación, al asesinato.
Eso no sucede lejos, está más próximo a nosotros de lo que pensamos. A veces en nuestra propia casa, a veces en nuestro propio corazón. Caemos en la tentación de despreciar lo que no es como nosotros.
Hay muy pocos que en este mundo global, tecnificado y súper moderno, están dispuestos a levantar la voz en favor de los diferentes. Son tan pocos que, por más que griten, su voz parece un murmullo. Necesitan ecos que a fuerza de repetir, ganen volumen para ser escuchados. Esas voces merecen ser escuchadas para hacernos reflexionar y obrar un cambio.
Alejandro Solalinde es una de estas voces que claman en favor de los migrantes, de aquellos que tuvieron que dejar el calor de su tierra primigenia en busca de una mejor vida, y que han encontrado desprecio, extorsión, golpes, mutilaciones y muerte. El padre Solalinde recorre el camino de todos estos que salen de sus hogares en Centroamérica, cruzan, como pueden, el territorio mexicano para cruzar la frontera y vivir el sueño de encontrar trabajo. Claro está que en este recorrido no sufren únicamente la tristeza de abandonar lo suyo, también son amenazados, maltratados y acusados. Son muchos los que se lanzan a esta aventura y parece que son invisibles. Ni autoridades de sus países de origen, ni las de los que cruzan en su peregrinar parecen percatarse de su presencia, mucho menos de su circunstancia. El padre Solalinde les extiende la mano.
Hoy, la caravana de Alejandro Solalinde en favor de los diferentes está en Manhattan. Llegó. Una fotografía sobrecogedora de personas que lo acompañan apachurra en alma. Hombres y mujeres mutilados, sin piernas, sin brazos, que perdieron en los rieles de La Bestia, el tren que lleva migrantes en el techo, como moscas, a lo largo del territorio nacional.
La lucha por los migrantes, por los otros, por los distintos hace de Solalinde un hombre diferente, sale de su zona de confort y entra al territorio del compromiso. ¿Será esto una ventaja competitiva? Espero que en su caso lo sea. Me apena ver el espacio tan reducido que le dan a la difusión de su movimiento.
Por eso yo, desde mi trinchera, doy voz, replico el murmullo. Que mi eco sirva para elevar el volumen, para que la lucha de este valiente en favor de los que no son como yo se escuche. Para que me entre en el corazón y no se olvide lo difícil que es para muchos ser diferente.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. marisolgomezg
    May 24, 2013 @ 13:36:04

    Que diferente sería el mundo si nos animáramos a ser diferentes. felicidades

    Responder

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