Maestros

He estado de los dos lados, he sido privilegiada con esa bendición. He sido alumna y he sido maestra. Sigo cerca de las aulas, sigo aprendiendo de mis alumnos, sigo construyéndome a partir de mis maestros.
La fortuna me ha regalado estupendos maestros. Miss Úrsula Tommasi, mi maestra de tercer año de primaria, que con paciencia y un gran cariño no únicamente me hizo aprender la capacidad distributiva y conmutativa de los números, sino que me enseñó que el amor es el mejor conductor del conocimiento. Miss Sara Aguilar de Moheno forjó en mi corazón el amor a la patria, me transmitió el orgullo de ser mexicana, el anhelo de construir un mejor país, de prepararme para hacer algo en favor de México.
En secundaria la madre María, la madre Lucila, la madre Guille me enseñaron la filosofía franciscana, a ser una persona de bien, un instrumento de paz. Con la monjas adquirí el amor por la lectura y el sustento para defender mis opiniones.
Rubén Sanabria fue mi profesor de ética, gocé del privilegio de escuchar a un sabio que compartió con nosotras las ideas no sólo de Santo Tomas de Aquino o de Agustín de Hipona, también de Nietzsche, de Kant, de Sartre, de Camus. Nos enseñó a no tener miedo de la duda, nos instruyó para que a partir de ella alcanzáramos la verdad. Nos alertó sobre las ideas radicales, sobre el fanatismo. Descubrió en mí el verdadero llamado, me lo vaticinó: tu mundo estará ligado a las letras. No le creí, opté por los números, la vida le dio la razón.
De los jesuitas aprendí el buen quehacer, el oficio que se convierte en trabajo productivo, el valor para no enterrar los talentos, la autocrítica. Aprendí la importancia del buen humor y de jugar dominó. En esa vida no todo es carne, no todo es mente, no todo es espíritu. Somos todo eso. Lo más importante que sembraron en mi fue la certeza del amor divino y la convicción de que la culpa es la más horrible de las ataduras. La verdad nos hará libres. Ellos me enseñaron que la contundencia se construye a partir de la inteligencia.
Juan y Salvador me enseñaron a jugar tenis, a que a veces se gana y a veces se pierde, pero que lo importante es divertirse. Siempre me han dicho que el toque es importante, que la técnica te protege de lastimaduras, que hay que tener los pies bien plantados en el piso y que la estrategia vale más que la improvisación, pero al corazón no hay quien lo venza.
De mis maestros en la edad adulta he aprendido valor y sensibilidad. Con sus enseñanzas sé que reconstruirse es posible, que iniciar de cero es maravilloso, que ser humilde y sentarse de nuevo a aprender es un privilegio.
A todos y cada uno les doy las gracias.
Es por ellos que he podido estar frente a mis alumnos. Es gracias a ellos que el amor a las aulas se alojó en mi corazón desde muy temprano, con un compromiso que trasciende el salón de clases. El magisterio ha sido una red amorosa que en momentos de no tan buena fortuna, ha salido al rescate, ha protegido la integridad y ha sacado lo mejor de mi ser. Sin duda en las aulas encuentro plenitud. Quiero a mis alumnos y de ellos he recibido cariño y motivos de orgullo.
No entiendo a los maestros que evaden dar clases, no comprendo a aquellos que salen con picos y palas a protestar. Nuestras herramientas son el gis y el borrador, las ideas y la inteligencia. No lo son los golpes y las faltas de ortografía. Nuestra recompensa es la aprobación de nuestros alumnos, no una bolsa, un perfume, una mascada, un auto que no salió del esfuerzo sino del cochupo sindical.
El magisterio es una vocación, un llamado. La retribución monetaria es escasa en comparación con la recompensa que es ilimitada.
A mis maestros, verdaderos guías, a las instituciones que me han abierto las puertas para dar clase, a los que compartimos el llamado, a mis alumnos, gracias. ¡Feliz día del maestro!

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mauro Castro
    May 16, 2013 @ 07:09:14

    Ce, precioso este de los maestros, la importancia y amor de las personas que imparten la enseñanza , sin importar que ganan poco y no muy reconocido. Su amor a la cultura y a la patria.

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