Dos hijos y las razones de las balas ( Homenaje a Alfredo David y Diego Alejandro Páramo González )

Dos jóvenes perdieron la vida la madrugada del sábado pasado. Alfredo David y Diego Alejandro de veinte y veintiún años respectivamente fueron asesinados a balazos. Los atacaron al rededor de las cuatro y media de la mañana mientras circulaban por la colonia Las Arboledas de la Ciudad de Chihuahaua.
Sus padres, Martha González Nicholson y David Páramo son periodistas. Ella se dedica a las notas policiacas en al ciudad de Chihuahua, él a los comentarios financieros en la Ciudad de México. Apenas se enteraban de la tragedia de sus hijos cuando el vocero de la Fiscalía General del Estado aseguró que el crimen ” Nada tiene que ver con la actividad periodística.” Yo me pregunto ¿Cuál es la prisa por descartar líneas de investigación?
El motivo de llevó al vocero Carlos González a dar esta declaración me resultan misteriosos, no sólo por la falta de oportunidad, de tacto y de consideración a unos padres que todavía no asimilaban el impacto de la noticia, sino porque la rapidez con la que se descartan ciertas posibilidades me resulta, por decir lo menos, torpes.
¿Cómo sabe, con tan pocas horas de distancia de los asesinatos, que no hay una conexión con la actividad de los padres? No quiero decir que exista conexión, esa es otra posibilidad, pero por qué desechar tan rápido lo que en teoría parece evidente. Sí, lo evidente, en ocasiones, engaña pero me parece que la prisa por darle carpetazo a este motivo lejos da ayudar genera sospechas.
En Chihuahua hay que ser valientes para dedicarse al periodismo. Basta ver los informes de Periodistas sin Fronteras para enterarse.
Las razones de la balas, el lenguaje de violencia, la muerte de dos jóvenes, son una tristeza. No hay forma de reconciliarnos con la idea de que nuestros hijos vivan en peligro. No hay justificación para hacernos los disimulados, para volver la mirada a otro lado como si el asesinato de dos jóvenes no nos agraviara.
¡Claro que nos agravia! No importa si sucede en Chihuahua, en Ecatepec, en Cuautitlán o en mi misma colonia. Son nuestros jóvenes los que están cayendo ante una ola de violencia y agresión. Es tiempo de indagar qué está sucediendo en realidad, encontrar los verdaderos motivos y castigar a los culpables. Es tiempo de justicia y para llegar a ella no es posible cancelar caminos.
Pero sobretodo, es tiempo de solidaridad con unos padres, que independendientemente de su oficio, perdieron a sus hijos. Es momento de exigir a las autoridades que hagan su trabajo de forma generosa.
Mi más sincero pésame a estos padres que sufren la perdida más terrible que puede haber.

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