Tomar distancia

Recuerdo cuando nos formábamos en la escuela. Nos poníamos unos detrás de otros, estirábamos el brazo y lo poníamos en el hombro del de enfrente para tomar distancia y marcar el espacio vital. También recibíamos en nuestro propio hombro la mano del de atrás. Así, no nos empujábamos, no nos molestábamos, no nos pisoteábamos. Avanzábamos al salón conviviendo de forma respetuosa y civilizada.
Con el tiempo he valorado esa enseñanza de la escuela primaria. Tomar distancia es sano. No siempre se puede vivir amueganado, es más, casi nunca da buenos resultados vivir así.
La distancia da libertad de movimiento, de acción. Te impide molestar al de al lado con los movimientos de tu cuerpo y logras amplitud. Ganas espacios. Si eso es importante a nivel físico, si fue importante cuando éramos niños, imaginen lo relevante que eso se vuelve a nivel de pensamiento cuando se ha crecido.
El alejamiento, en ciertas circunstancias, no sólo es sano, también es necesario, especialmente cuando aparecen en escena la manipulación y el chantaje. Más en el momento en el que alguien te quiere imponer su punto de vista, te quiere ordenar lo que se tienes que hacer. Indispensable cuando no estas de acuerdo.
Miguel Angel Mancera tomó distancia y le aplaudo. Las huestes del PRD le dictaron línea, no reconozcas a Rosario Robles, secretaria de Sedesol, como interlocutora. Apártala de la mesa del dialogo. El Jefe de Gobierno se alejó del modo tradicional de operar, es decir, le doy lata al gobierno federal, lo chantajeo hasta que se enfade y me conceda ciertas canónigas. Mancera no le entró al jueguito. Me alegro.
Es refrescante ver a un Jefe de Gobierno que actúa con autonomía y se apoya en la inteligencia para tomar decisiones. Usa el criterio y el sentido común y decide lo que es más conveniente para la capital del país. Se reúne con Rosario Robles, acuerda con ella lo que debe hacerse en términos de pobreza alimentaria en México, le explica en donde podría haber despilfarros y desperdicios, la previene de posibles malos manejos, aplaca la voracidad de sus delegados y se pone de acuerdo con la federación. Todos contentos, menos los chantajistas que le dijeron, no vayas.
Con estas acciones Miguel Mancera no sólo tomó distancia de las huestes del PRD sino también de su antecesor. Carambola de cuatro bandas. Marcelo Ebrard se la pasó, mientras estuvo al frente del gobierno de la ciudad, rehuyendo al presidente Calderón. López Obrador dictó línea, Marcelo obedeció, la ciudad perdió. Es verdad, Marcelo fue buen alcalde, pudo ser mejor. Tanta obediencia le salió cara. La proximidad casi le saca un ojo. Perdió independencia. Al final de su gestión se dio cuenta y se dejó tomar la foto con Felipe.
A diferencia de Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera entiende que no es lo mismo las personas que las instituciones. No habla con Rosario, dialoga con la Secretaria de Desarrollo Social, no se toma un café con esta mujer tan controvertida, se pone de acuerdo en los planes para prevenir el hambre, no se trata de él y de ella. Se trata de la Ciudad y sus pendientes, no de simpatías o de intereses clientelares.
Qué bueno que Mancera opte por el dialogo, que tome distancia desde el principio, que use su criterio y pacte en favor de la ciudad. Maravilloso que no se enganche en el método del chantaje que no le entre a la cohesión política. Es bueno para él, es mejor para la Ciudad de México.

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