Hambre en la vejez

Cuando tengo hambre me duele la cabeza, a veces hasta me pongo de malas. Por lo general, el ayuno me juega la mala pasada, truenan las tripas, rechina el humor, se activa la parte más primitiva de mi ser.
El hambre es una sensación dolorosa. El dolor se agrava cuando quien la padece se encuentra en los extremos de la vida, es terrible ver a un niño o a un viejo con hambre. Lo es peor, cuando la falta de comida se debe a un estado de pobreza tal que no alcanza no para comer.
Por eso se recibió con mucho entusiasmo la noticia de que el gobierno federal daría apoyos para personas mayores de sesenta y cinco años. La idea es buena, pero, como sucede con todas las ideas, no basta con que sean buenas hay que saber implementarlas y, como dijera
Cantinflas, ahí esta el detalle, chato.
Los aspirantes a recibir 525 pesos al mes, poco menos de cincuenta dólares, tienen que hacer filas de doce horas para ser inscritos en el programa. ¿Qué la gente de Sedesol no entiende que están tratando con ancianos? Es verdaderamente inhumano ver a tantas personas, con tantos años, esperando haciendo cola, para ser anotados. Hay gente que ha tenido que dormir en la calle esperando su turno.
Me entero que existen cincuenta y un ventanillas para llevar a cabo el trámite de inscripción. ¿Será que la gente de Rosario Robles no conoce la cifra de gente mayor que hay en México? Tanta ineficiencia parece estupidez, una estupidez que raya en la crueldad. ¿Eso es lo que entienden por solidaridad?
Insisto, la idea es buena. En el país hay muchos ancianos pobres que no tienen derecho jubilación ni a prestaciones, ni a seguridad social. Ese dinero no les va a resolver el problema de la vida pero sí los va a ayudar. La implementación es nefasta.
Es preciso, obligatorio, diría yo, que los beneficiarios sean tratados con dignidad, respeto y considerado, que la ayuda les llegue de forma oportuna, que el servicio que se les proporcione sea de calidad y equitativo. No es una dádiva, es un plan de una Secretaria de Estado.
Señores servidores del Estado, funcionarios de Sedesol, fíjense bien: no se trata de elevar el brazo desde el trono, extender la mano y lanzar monedas que los pobres recogerán del suelo. No, compréndanlo. No están dando limosnas. Su deber es hacer un trabajo profesional, para eso les pagamos. Para hacer bien las cosas. No para tener a nuestros viejos haciendo cola y durmiendo en la intemperie para recibir su ayuda. Merecen consideración, no sólo por su dignidad humana, especialmente por su edad.
¿No se les ha ocurrido abrir más ventanillas de servicio?, pregunto.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mauro Castro
    Abr 20, 2013 @ 14:06:49

    Ce,este esta bien,es una pena y esta bien que se preocupen de la tercera edad,no les tiene que faltar de nada, México tiene de todo , petróleo que explotar etc. Tienen que considerarlos 
    Es infrahumano que no tengan seguridad social

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