Unas por otras

Tal parece que otra francesa atraerá la atención de los mexicanos. En este caso no se trata de una mujer con cara de ángel y antecedentes del diablo. No. Tampoco es una ex convicta convertida en heroína por obra y arte de la diplomacia. No. Se trata de una madre que fue despojada de sus hijos por su ex marido. Una mujer que quiere recuperar a sus hijos y que cuenta con una sentencia favorable de la Convención de La Haya. Aunque no está muy a la vista, este caso jalará los reflectores. ¿Cómo es posible que una madres sea despojada de sus hijos y cuente con una resolución favorable de la corte internacional y aquí no pase nada?
Lo que pasa es que no estamos hablando de cualquier madre ni de cualquier padre. Se trata del caso de Maude Versini, ex esposa francesa de Arturo Montiel quien como sabemos fue gobernador del Estado de México y es el flamante tío y padrino de, nada más y nada menos, Enrique Peña Nieto. Claro, no es que este dato sea relevante en ningún sentido.
Maude Versini vivió el sueño de la Cenicienta. Paladeó las mieles de la riqueza, fue protagonista en todas las revistas del corazón, se pavoneó entre la crema y nata de la sociedad mexiquense y disfrutó de los privilegios de ser la esposa de un hombre tan poderoso. Luego vino el desprestigio, la época de vacas flacas, el rompimiento, la separación y según ella dice, la despojaron de sus tres hijos. ¿Qué pensaría Maude? ¿Soñaría con mantener el mismo nivel de vida alcanzado en México amparada por una generosísima pensión alimenticia? ¿Qué nunca supo de con quien se casó? ¿Tanto lujo la distrajo?Al parecer, ella como Florance Cassez, jamás se enteró de las actividades de su marido. ¿Qué nadie le dijo a estas mujeres que los cuentos de hadas se desarrollan en los libros y no en la vida real? ¿Qué no hubo nadie que les advirtiera de los riesgos de nadar entre tiburones?
Pero hay diferencias. No es lo mismo Versini que Cassez. A Maude se le puede acusar de arribista, de interesada, de nueva rica, haber sido de grosera y prepotente, de falta de miras y de una lista interminable de defectos, pero no de ser torturadora ni secuestradora.
¿Por qué el gobierno francés apoyó a Florence y se hace el disimulado con Maude? Hay quienes piensan que esto se debe a un quid pro quo diplomático. Es decir, unas por otras. Ahí te va Cassez y cállame a la Versini. Tal vez ambos gobiernos sean conscientes de no se puede ganar todas y decidieron dividirse. Tú la secuestradora, yo la madre. Si esto es así, a Francia le tocó la peor parte.
Tal parece que otra francesa atraerá la atención nacional. Si y sólo si no se pone una cortina de humo en este tema. Dados los personajes de la historia, es probable que el humo sea muy oscuro. Quizás, al platicar Hollande y Peña acordaron: mucho ruido y luces para una y silencio y discreción para la otra. Quid por quo, insisto, a Francia le tocó la peor parte. La parafernalia mediática para alguien que no alcanzó la justicia y el mayor sigilo para una madre que se quedó sin sus tres hijos. ¿Habrá sido el típico: unas por otras?

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